viernes, 28 de octubre de 2011

La Música en el Periodismo o el Periodismo Sonoro

(Ponencia presentada el viernes 28 de octubre de 2011, en el evento III Musicando con los Maestros, organizado por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico de Miranda Siso Martínez)


Por Ana María Hernández G.

Las noticias musicales en nuestro país tienen larga data. Vale la pena introducir esta intervención citando dos estupendos libros que registran cómo nuestra Tierra de Gracia, Venezuela, ya era un escenario de eventos musicales: el de la profesora Mariantonia Palacios, Noticias musicales en los cronistas de la Venezuela de los siglos XVI-XVIII. Una coedición de la Fundación Vicente Emilio Sojo y el Fondo Editorial de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela; y la tesis de grado de Vince de Benedittis, Presencia de la música en los relatos de viajeros del siglo XIX, editado por el Fondo Editorial de Humanidades y Educación.

El periodismo del siglo XIX registra una amplísima actividad musical en nuestro país, no solo con la presencia casi omnipresente del piano en las casas, sino también con representaciones, soirées, visitas de músicos e intérpretes de importancia. Así lo han registrado valiosos periódicos como El Zancudo, El Cojo Ilustrado, El Federalista, y muchas publicaciones más.

Ya en el siglo XX, con la presencia de importantes escenarios como el Teatro Municipal, el Nacional, los teatros regionales se registra una actividad también, nada desdeñable, y así lo demuestra la prensa de entonces.

Viendo hacia atrás todo ese vasto, vastísimo panorama, uno queda como sin aliento cuando asume la tarea de cubrir periodísticamente los eventos musicales, especialmente cuando en los diarios del siglo XX hay una abundante información y tradición al respecto: columnistas como Alejo Carpentier, Rhazés Hernández López, José Antonio Calcaño, Israel Peña, Daniel Salas, Gustavo Tambascio, Javier Sansón, María Isabel Brito Stelling, entre muchos otros dejaron su impronta, sus comentarios, sus críticas. Periodistas como Lorenzo Batallán, Mara Comerlatti, Zayira Arenas, Chefi Borzacchini, Jaime Bello León, José Pulido, Efraín Corona, Moraima Guanipa, Carlos Mollejas, Ángel Méndez, Lil Rodríguez, Germán Alirio Luna Chacón, Omar Khan, Milvia Piazza, y otra legión más, entre quienes me incluyo, hemos pasado revista al amplísimo acontecer musical de nuestro país, en los últimos sesenta años.

Y es que la actividad musical en nuestro país siempre ha estado a la altura de las circunstancias. Mencioné el siglo XIX y su pianismo; y la prensa de ese entonces reflejó el buen gusto de los venezolanos de entonces, quienes aunque estaban sumidos en una vorágine sociopolítica violenta, con la guerra federal y las guerras intestinas; siempre demostraron mucho interés por la música: gracias a las versiones para piano a cuatro manos divulgadas por la prensa de entonces, los venezolanos tuvieron acceso al repertorio universal.

En el siglo XX, la actividad musical del país creció aun más. Venezuela entra de lleno en el concierto de las naciones, bien por su renta petrolera o la fama de su café y cacao. En 1930, Vicente Emilio Sojo funda la Orquesta Sinfónica Venezuela y el Orfeón Lamas. Se inicia igualmente con el maestro Sojo y sus colegas una sólida estirpe de músicos que le darán brillo a la música en el país. Por otra parte, los esfuerzos de los etnomusicólogos le dan al país un enorme acopio de información sobre géneros, formas, ritmos, tradiciones que solamente estaba en posesión de sus cultores. Todos estos eventos fueron ampliamente reseñados en la prensa de entonces, con detalle y prolijidad.

Para los años setenta, aparece la Orquesta Juvenil de Venezuela bajo la batuta de José Antonio Abreu, y de esos años a la actualidad, la historia es conocida. Mucho centimetraje en prensa se le ha dedicado, incluso desde distintos frentes: a favor o en contra del movimiento, ya que desde su aparición siempre fue controversial. Hoy en día la controversia entre los músicos se ha atenuado, no digo que haya desaparecido. Se ha atenuado, quizá debido a que más del 80 por ciento de los músicos activos de la actualidad se formó en el movimiento orquestal del maestro Abreu. Tampoco se puede desdeñar los esfuerzos del fundador del sistema por llevar su proyecto a un sitial prácticamente por encima del bien y del mal, y los resultados están a la vista.

En lo que a mi modesta experiencia se refiere, no puedo decirles que ante todo este panorama anteriormente descrito, la cuestión haya sido fácil… Las personas suelen pensar que cubrir cualquiera de las fuentes culturales es fácil. Suelen verlas como la parte light, rosa, divertida de la vida. Es más divertido ir a cubrir un concierto sinfónico o un recital de música de cámara o de música que ahora llaman neofolclórica que ir a cubrir una rueda de prensa de la Mesa de la Unidad Democrática, o más fácil que pagar plantón en el salón del televisor en la Asamblea Nacional esperando una primicia.

Eso es lo que se ve en la superficie. En el fondo, somos los mismos seres humanos generando información y con la expectativa de ser tomados en cuenta por un medio de comunicación que divulgue lo que hacemos, sea o no noticioso.

En el contexto de las noticias, del quehacer diario informativo, en Venezuela nos topamos con una realidad muy, pero muy cruda: desde los años sesenta aproximadamente, se produce mucha más información cultural que de otro tipo. Sin embargo, el espacio que ofrecen los medios de comunicación, tanto impresos como audiovisuales, y ahora, digitales, es mínimo.

Baso mi afirmación en lo siguiente: en los años sesenta, producto de todas las circunstancias que vive el mundo, América Latina, nuestro país Venezuela, se comienza a dar preponderancia a lo cultural. En Venezuela el interés probablemente no haya sido cuestión de política de Estado, sino consecuencia de todo lo que se venía produciendo culturalmente hablando: en el campo de la música, ya hablamos del movimiento de Vicente Emilio Sojo, la difusión enorme de la música latinoamericana y venezolana por parte de la Orquesta Sinfónica Venezuela; los esfuerzos de los amantes y cultores de la música popular por difundir sus creaciones. En el campo de la literatura, la creación del Premio Rómulo Gallegos, la obtención del Premio Seix Barral por parte de Adriano González León con su novela País Portátil. En la cinematografía, la cantidad de producciones de rasgo y signo distintivamente social. En el teatro, la llegada al país de una importante cantidad de dramaturgos y teatreros españoles, argentinos, chilenos, uruguayos, que aportaron su buena dosis de arte. Y en el campo periodístico, la  puesta en marcha de un proyecto que sin duda catapultó y motivó a esa efervescencia cultural: las páginas culturales del diario El Nacional, un proyecto personalísimo de su fundador, el escritor Miguel Otero Silva. Hubo esfuerzos en otros diarios que no quisieron quedarse en la retaguardia, y asumieron en pleno el reto de convertirse en la competencia, como El Diario de Caracas, El Universal, y, posteriormente, Economía Hoy, El Globo, así como otros diarios que comenzaron a darle un pequeño espacio a lo cultural, entre los que se encuentran El Nuevo País, 2001, El Mundo, Ultimas Noticias… La prensa regional también supo darle espacio a ese movimiento cultural, y no podemos dejar de mencionar a Panorama, El Carabobeño, El Impulso de Barquisimeto, El Tiempo de Puerto La Cruz, El Siglo de Maracay, y otros más.

Estos hechos, y muchos otros más, le dieron al país el motivo y la base para forjar un movimiento cultural importante, movimiento que ameritó la cobertura periodística. En este punto, no podemos tampoco dejar de mencionar el enorme trabajo que llevó a cabo el periodista Nabor Zambrano y su Formato Libre, el primer periodista de cultura que comunicaba el quehacer artístico a través de la televisión.

En este instante, debo decir que los periodistas de cultura agradecemos siempre la existencia de hechos culturales que debemos comunicar: a veces son los cultores, músicos, artistas, escritores los que nos agradecen, pero el agradecimiento es mayor de esta parte, sencillamente porque sin ellos, los periodistas no tendríamos nada que informar. Y vaya que es difícil escoger con qué abriremos las páginas culturales: es muchísima y abundante la información, y poco, poquísimo, cada vez más escaso el espacio que nos dan para la cobertura. Y esta ecuación tampoco nadie la entiende.

Recalco este punto, el de la ecuación, porque los periodistas de cultura solemos ser el blanco de los reclamos, injustos muchas de las veces: por qué no me entrevistaste, por qué no me reseñaste el concierto, qué pasó que no salió la nota del disco, por qué a Fulano le diste más espacio que a mi, por qué a Perencejo lo has entrevistado más de dos veces y a mi ni me paras. O el tradicional ¿cuándo sale la nota?

Aprovecho mi posición aquí para alegar mi defensa y la de mis colegas periodistas de cultura. El primer punto es el del espacio o el tiempo. Ante la avalancha informativa, la competencia por cuál es la información que debe publicarse es muy grande, y por desgracia termina perdiendo el que menos proyección o menos fama tiene. A veces, incluso, resulta hasta desgraciado para nosotros los periodistas, ver con tristeza cómo una información nacional va a la papelera de la computadora (porque ahora no desperdiciamos papel) por culpa de una información internacional que la mayoría de las veces suele ser escandalosa. La última borrachera de Amy Winehouse, en paz descanse, le cortó espacio a una reseña de un concierto nacional, por ejemplo. O los caprichos de Paris Hilton le restan importancia al reciente disco de una agrupación venezolana. Estos imponderables son el resultado de una errónea política editorial, y hablo de la prensa nacional en general, no de algún medio en particular, política editorial según la cual se publica lo que a la gente le gusta… Este error lo venimos arrastrando desde los inicios de la era industrial: ¿esto se produce, se divulga porque a la gente le gusta? ¿o a la gente le gusta lo que se produce o se divulga por culpa de tanta y tanta repetición?

Pueden ver ustedes que la competencia para los artistas, para los músicos es feroz. Suele haber una necesidad grande para ganarse el favor del periodista, y en ese afán se suele cometer un error garrafal: ofrecerle prebendas al periodista con la creencia de que así sí será beneficiado. Esto, mis queridos y atentos estudiantes, es un craso error. A los periodistas les paga su sueldo el medio de comunicación para el cual trabajan, y en Venezuela, ese pago extra y bajo cuerda, que se llama palangre, es un soborno, un delito a la ética periodística. Así que, sepan, músicos, que si algún periodista los soborna para publicarle la nota, o piensan que deben pagarle al periodista para que les publique, estarán contribuyendo con un delito.

El segundo punto es el tiempo con el que se le envía la información al periodista para su publicación. Cuando se trata de un concierto o un evento puntual, hay que tomar en cuenta la competencia feroz de la que he hablado. Así que cuanta más antelación tenga el envío de la nota, más garantía habrá de que se publique. Tampoco tanta antelación, pero tampoco de un día para otro. Con una semana de antelación es suficiente, para que el periodista considere su importancia y su inclusión en una agenda de actividades, por ejemplo, y hasta considere eventualmente una entrevista.

Otro aspecto interesante es el afán de la entrevista. No se le puede cumplir a todos con esta exigencia o anhelo, porque a veces el motivo de la entrevista no es lo suficientemente sustentable como para justificarla. ¿Qué justifica una entrevista? Lo novedoso, lo impactante. Lo rutinario jamás es motivo de una entrevista, salvo que haya algo que salte a la vista.

Entre conciertos y discos, el concierto muere el día de su presentación, a menos que sea un ciclo, una temporada. El disco no muere, pues al igual que el libro, siempre estará en el anaquel de la tienda dispuesto a ser adquirido por el público. Esta es la razón por la que los periodistas nos guardamos los libros y los discos para reseñarlos con calma y para darles el tratamiento que se merecen.

El periodista suele planificar su trabajo lo mejor que puede. Así, esperamos los periodistas que los músicos nos notifiquen en qué andan, qué están haciendo, qué planean hacer. Cuando ustedes no nos lo comunican, levantamos el teléfono, mandamos un email, los visitamos, rondamos sus páginas web, sus amistades, sus managers para saber qué hacen, en qué andan, cuántos años cumplen, cómo están las cosas. Así producimos el insumo diario para nuestras páginas. Los trabajos rutinarios de los músicos, esto es conciertos, giras, composiciones, discos, proyectos, los reflejamos en notas breves, pequeñas entrevistas, textos cortos o medianos.

El centimetraje suele aumentar cuando el artista obtiene un premio, hace algo extraordinario, o, lamentablemente, muere. Es entonces cuando el artista cuenta con un espacio mayor. A veces también funciona con la insistencia por parte del artista o del manager hacia los jefes de los periodistas. No sabemos si en esas alturas hay o no sobornos, lo cierto es que se dan casos de lobbies que se hacen, invitaciones, convenios, etc., que redundan en beneficios para los artistas con espacios extra en los medios. Ojo, nada para el periodista, lo confirmo.

Otra manera como aumenta el centimetraje hacia los artistas, los músicos, los escritores, es cuando los periodistas nos proponemos un trabajo especial. Es lo que los periodistas llamamos reportaje o trabajo especial. En ese caso, nos planteamos un tema, y luego buscamos la consulta, el análisis, el punto de vista del músico, del artista. Muchas veces, yo diría que la mayoría, los personajes consultados suelen confundir este tipo de trabajo con la entrevista. A veces llamamos a varios músicos, por ejemplo, para hacer un trabajo, supongan, sobre la industria discográfica en Venezuela, y el personaje consultado suele creer que se le ha llamado para hacerle una entrevista exclusiva, y eso no es así. De allí vienen a veces los reclamos y hasta enemistades, porque hay confusión. Cuando nos planteamos ese tipo de trabajo, lo que se persigue es hacer un análisis o un diagnóstico de una situación, poner en claro algún problema o formular una denuncia.

Dejo para la última parte el álgido tema de la crítica. Álgido porque nuestro país adolece de un gravísimo problema: a nadie le gusta la crítica, nadie acá soporta que lo critiquen, con o sin fundamento. Crítica constructiva no existe, esa es una falacia, o, mejor dicho una hipocresía. Claro, en el campo de la música, añoramos los textos críticos de un Rhazés Hernández López, de un Israel Peña, de un Daniel Salas… y ustedes podrán preguntar qué pasa ahora, por qué no se hace crítica musical en la actualidad. Y yo les respondo, porque no se les paga a los colaboradores. La crítica es un trabajo, y vaya que es de los más delicados. El crítico debe comprar su boleto, adquirir su disco, ir por sus propios medios a las presentaciones. No puede esperar y no sería ético de su parte, esperar que el grupo de música, el intérprete o el manager lo invite al concierto. No. Debe escoger qué es lo que va a ir a escuchar y trasladarse por sus medios. De ese modo garantiza que su juicio no tendrá el tamiz del favor, del échame una manito, del hazme el favorcito. Si el medio de comunicación no le paga al crítico por su trabajo, ¿cómo se espera que lo haga? Si el medio de comunicación no le paga el boleto, no le compra el disco, ¿cómo se espera que el crítico produzca un texto?

Si por casualidad todos esos gastos están cubiertos, viene entonces la aceptación de la crítica. Por desgracia, estamos acostumbrados a perdonarnos entre nosotros las faltas. Yo, como músico, sé lo duro que es pararse en ese escenario y ver al público con cara de expectativa, con rostro de dame tu alma a cambio de mi aplauso… y sé lo que es tener los nervios de punta. Sé lo que se siente cuando la música fluye dentro del propio cuerpo y trasciende hacia el auditorio, y uno siente que no es uno mismo sino el vehículo de algo superior, algo majestuoso. Uno se siente portador de un mensaje sublime, y en esa sensación hay una especie de conexión con la divinidad, que justamente culmina con la coda y el aplauso que arranca por parte del público. Entonces, ¿cómo es posible que venga un hijo de vecina cualquiera a quitarle a uno esa gratísima sensación de conexión con lo divino? Bueno, sencillamente porque uno se ha expuesto al público. Exactamente como estoy yo aquí, en este momento ante ustedes. Estadísticamente hablando, la mitad de ustedes están interesados en mi disertación. La otra mitad no, y de esa mitad unos cuantos han migrado, en persona o en ensueños. Es imposible que uno le agrade a la totalidad de la gente, y cuando en los conciertos ustedes ven que eso es lo que ocurre, en realidad lo que pasa es que un fenómeno de histeria colectiva se adueña de los presentes, se conectan de modo chamánico y, lejos de presenciar un concierto, presencian un ritual, un exorcismo. Por eso, la actitud del público ante el concierto de música académica es diferente, es como más intelectual, mientras que ante el concierto de música popular o música mediática es chamánica. Es un problema de para qué yo oigo la música, si para mi deleite personal, para exorcisarme, para olvidar mis penas o para darme un barniz de cultura. Hablar, escribir sobre eso y delatarlo a los ojos de los protagonistas del concierto es duro. Muy duro, y hay que tener estómago y preparación para aceptar la crítica.

Para decirles adiós, mis queridos músicos, estudiantes, amable auditorio, quiero dejarles sembrada una inquietud desde mi modesta posición de periodista cultural: la formación del público. A lo largo de los veinte años que llevo cubriendo la fuente de música, veo con gran preocupación la distancia que existe entre la producción musical y el público. Venezuela es música y así se demuestra a diario. Sin embargo, salga usted ahorita mismo a la calle, párese en la acera y diga "música", y en la mente de quien lo haya escuchado se habrá formado la imagen de un reguetón, mediocre y simplón. En nuestro país no nos hemos preocupado por la formación del público, y no basta con la mera difusión por prensa de lo que ustedes, músicos, hacen. Hace falta algo más. Así que aprovecho que estoy en medio de los profesores de música para exhortarlos a que dediquen buena parte de sus esfuerzos a la formación del público. Sí,  no importa que la gente se menee al son del reguetón, vale, pero que también sepa apreciar un buen corrido, un buen joropo oriental, unos cantos de velorio, o un concierto de música académica, una sinfonía, una ópera.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Tratados del barroco hispánico

Muchos han sido los autores que nos aportan valiosa información sobre la música del pasado hispánico, lo cual redunda positivamente hacia la manera como se hacía la música en el pasado latinoamericano: pasacalles, folías, gallardas, sarabandas, chaconas, batallas, españoletas, canarios, entre otras formas; dejan su delicioso perfume en la génesis de nuestras músicas populares.
Sobre el estado de este tipo de investigaciones en nuestro continente, hay dos noticias (como siempre), una buena y una mala. La buena es que nos hemos dado cuenta de que hay mucho por investigar, que prácticamente todo está virgen, y que hay muchos estudios que están en proceso, algunos concluidos, otros en revisión. Eso es excelente. La mala es que casi no hay fuentes, y que muchas de las investigaciones hay que guiarlas mediante metodologías cualitativas, mediante la hermenéutica histórica; ya que el hallazgo arqueológico, exactamente como tal, no lo tenemos. Por ejemplo: guitarrillas o guitarras renacentistas, lamentablemente no tenemos ninguna original a la mano. Al menos hasta este momento. Nadie -en todo el mundo- ha encontrado alguna, y las que hay, las réplicas que tenemos, han sido construidas por ensayo y error, mirando la iconografía existente, y estudiando a fondo los tratados renacentistas que quedan.
Por los momentos, las investigaciones, como mencioné, continúan dando frutos. Esperemos que en unos 20 años, los estudiantes de este lado del mundo puedan contar con una historia de la música bastante sólida, y que no solamente se circunscriba al estudio de la historia de la música centroeuropea.

miércoles, 8 de junio de 2011

Décima de Santiago de Murcia

Obsesión por encontrar datos, indicios, conexiones documentales entre la música del barroco español y las músicas populares venezolanas. Tengo la nariz metida en los tratados de los autores barrocos, y he aquí un segundo poema. Se trata de una "Décima" escrita por Santiago de Murcia, y contenida en el célebre manuscrito conocido como "Códice Saldívar", fechado cerca de 1732 y hallado en México. He allí, pues:

Décima


Será al mostraros la Ciencia
mi pauta la claridad
la mínima mi humildad
el puntillo mi conciencia
y mi asistencia oportuna
el tiempo sin pausa alguna
y espero pongáis Señor
la clave en vuestro favor
la mudanza en mi fortuna.

Vean cómo Murcia glosa los elementos de la música y los convierte en poesía pura. Una belleza!

sábado, 4 de junio de 2011

La guitarra al lector

La guitarra al lector es un soneto escrito por el tratadista del barroco español Joan Carles Amat, y que está en su libro Guitarra española, y vandola en dos maneras de guitarra, castellana, y cathalana de cinco Ordenes, la qual enseña de templar, y tañer rasgado, todos los puntos naturales, y b, mollados, con estilo maravilloso (c. 1761).

Yo soy aquella que todo lo canto,
soy reina de los tonos delicados,
soy la que alegro a todos los estados,
y soy la que condena al triste llanto.

Yo tengo cinco hijos, que entre tanto
que van por mis jardines, y mis prados,
concierto juegos tan regocijados,
que al mismo Febo a veces doy espanto.

Si quieres ver (lector) la gallardía
que Carlos me dio estando yo en su guarda
gusta los caldos que da su cuchara.

Verás que soy galana, guarda, guía,
graciosa, gala, gracia, gallarda,
gustosa, general, grata, guitarra.

martes, 3 de mayo de 2011

La herencia del barroco hispánico en la música folklórica venezolana

A raíz de mis estudios de la maestría en Musicología en la UCV, estoy investigando sobre la conexión entre la música barroca española y nuestros géneros populares. Por los momentos levanto toda la información posible, sobre todo teórica, y luego me iré al campo a reaprender a tocar el cuatro. Toda una experiencia.

martes, 15 de febrero de 2011

"Pasión, porte y picardía": Concierto del Ensemble Décimo Nónico


El próximo sábado 26 de febrero, a las 3:00 p.m. en el Casco Colonial de Petare, se llevará a cabo el concierto del Ensemble Décimo Nónico, cuya información reproducimos a continuación:



 En el marco de las celebraciones en torno al 390 Aniversario de Petare

EL ENSEMBLE DE CÁMARA DÉCIMO NÓNICO
interpreta el recital

PASIÓN, PORTE Y PICARDÍA

Canciones y Danzas de Europa y América en la Capilla de María Magdalena del Casco Histórico de Petare

Con una estupenda selección de obras maestras del Romanticismo Nacionalista venezolano, norteamericano y español se presenta este 26 de febrero el ensamble de cámara DÉCIMO NÓNICO, una agrupación que integra talento, juventud y veteranía en partes iguales y que aspira a redefinir la experiencia de escuchar interpretaciones históricas. El insólito talento de Andrés Barrios, la juventud de Luis Felipe Santos y la veteranía de Bartolomé Díaz se combinan en un trío que, seguramente, retará muchos de los mitos que tradicionalmente se vinculan a la música del pasado y a las ejecuciones históricamente correctas.

Bartolomé Díaz, Director Musical, investigador e intérprete de la Guitarra Romántica en la agrupación comenta: “He estado vinculado a la interpretación de instrumentos históricos durante gran parte de mi vida profesional. Décimo Nónico es, a la vez, un pasaporte al extraordinario repertorio del Romanticismo, tan crucial para nuestra identidad musical, y una propuesta artística que pretende demostrar que la interpretación histórica no tiene porqué ser acartonada, almidonada, apolillada ni estática: nuestra meta es conmover al público con interpretaciones vivas y humanas de obras que poseen hasta dos siglos de historia pero que, a nuestro criterio, están a flor de piel de todo venezolano con sensibilidad.”

El próximo sábado 26 de febrero la agrupación se presentará en la exquisita acústica natural de la Capilla de María Magdalena (El Calvario), ubicada en la Calle Guánchez, en pleno casco colonial de Petare. Para tan especial ocasión la agrupación nos propone el programa Pasión, Porte y Picardía, un maravilloso recorrido a través de canciones y danzas románticas de Venezuela, España y Norteamérica. Destacan particularmente las obras instrumentales y vocales de Federico Vollmer, José Ángel Montero, Dionisio Aguado, Scott Joplin, Luigi Boccherini y Manuel García. Juntas estructuran un programa donde el virtuosismo, la gracia y la elegancia se revisten de maravillosa picardía y auténtica emotividad. El recital, pautado para las 3:00pm, se enmarca en el Bulevar Petare, evento principal de participación cultural en las celebraciones conmemorativas del 390 Aniversario de Petare, desarrollado por la Alcaldía del Municipio Sucre a través de la Fundación José Ángel Lamas y la Dirección de Cultura de la municipalidad, con el apoyo del Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas. La entrada al concierto es libre y gratuita.

DÉCIMO NÓNICO es:

Andrés Barrios / Clarinete, Voz y Castañuelas

Conocido sobretodo por ser miembro del célebre trío Los Hermanos Naturales, Andrés Barrios es uno de los artistas más completos y polivalentes de la actualidad. Su notable desempeño como compositor, clarinetista y cantante tiene una maravillosa contrapartida en sus talentos poéticos, pictóricos, gráficos y actorales.

Luis Felipe Santos / Guitarra Romántica y Voz

Odontólogo de profesión, Luis Felipe Santos se formó como guitarrista bajo la tutela de Bartolomé Díaz. También ha estudiado fabricación de instrumentos pulsados con Gonzalo Pieters e interpreta una Guitarra Romántica construida por sí mismo.

Bartolomé Díaz / Guitarra Romántica, Voz, Versiones y Dirección Musical

Con una larga experiencia internacional como intérprete de instrumentos punteados antiguos y como pedagogo especializado en interpretación histórica, Bartolomé Díaz se desempeña como Director de Cultura de la Universidad Metropolitana. Concibe a Décimo Nónico como un vehículo para investigar repertorios que le atañen profundamente e interpretarlos en muy buena compañía.

jueves, 27 de enero de 2011

Claude Bolling y la guitarra


Hace muchos años, creo que a principios de los ochenta, descubrimos a Claude Bolling, un autor francés, compositor y pianista de jazz. En aquellos lejanos días, Sabana Grande y Chacaíto albergaban toda suerte de tiendas, entre la polvareda que suponía la construcción de la línea 1 del Metro de Caracas. Entre esas tiendas no podemos dejar de nombrar Musical Magnus, una maravillosa librería y tienda de música en la que se podía encontrar prácticamente de todo. Con Magnus cohabitaron (allí y en otras partes de la ciudad) otras tiendas emblemáticas, como Piña Musical (todavía sobreviviente), Casa Yobers, Musikalia, Mülhbauer... hasta que el régimen cambiario y la desaparición del dólar a 4,30 hicieron que los dueños de esos establecimientos "huyeran" del país (otros quedaron, otros abrieron, como Allegro). Pero esto es tema de otro post en el que se podría destacar que mientras en los 80 florecía el movimiento musical venezolano, en todas sus dimensiones y géneros, las tiendas y librerías musicales iban en franca desaparición.
Pero volvamos a Bolling. Su música resulta interesante porque combina los elementos del jazz con ciertos ingredientes del barroco de Bach, particularmente. La ilustración alude al Concierto para Guitarra y Jazz Piano, una obra en siete movimientos que evoca, sin duda alguna, al Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. Alexander Lagoya, guitarrista egipcio de padre griego y madre italiana, fallecido hace ya más de una década, fue el primer intérprete de esta obra.
El concierto transmite unas cadencias interesantes, y mezcla compases diversos, como el 10/8, o compases a 7 tiempos, o introduce cambios drásticos en la rítmica, lo cual le da colores y texturas a la música de una complejidad variada. Lamentablemente, a pesar de que el score se consigue con relativa facilidad (¡hoy Amazon o Sheetmusicplus le acercan a uno cualquier cosa!) no es una obra que se toque con frecuencia. De hecho, en Venezuela se ha tocado no más de cinco veces a lo largo de los treinta y tantos años que tiene de compuesta esta suite, y con el auge que el jazz ha tenido en el país.
En cuanto a la parte de la guitarra, Bolling permite que el intérprete se luzca con brillantez y siempre dentro de los parámetros de la interpretación "clásica" o técnica, mientras que el pianistas forzosamente tiene que ser un buen intérprete del jazz, porque de hecho, en la partitura del piano se marcan extensos momentos para la improvisación.
Sin duda una obra que merece la pena escucharse y ejecutarse, y que por algún motivo, cada vez que esta cronista la escucha, evoca aquellos momentos de polvareda entre Sabana Grande y Chacaíto. Sí, ciertamente en esos años no existían el MP3 o el iPod, pero sí había el reproductor a cassette de alta fidelidad, y por ahí anduvimos entre los escombros con los audífonos pegados aprendiendo de memoria una música que cabalga entre los esquemas "clásicos" y el jazz.

martes, 11 de enero de 2011

¿Evolución?

En la imagen tenemos a dos de los primeros instrumentos que llegaron a Venezuela por la vía de Nueva Cádiz, en Cubagua, hacia 1529. El de arriba o a la izquierda, es la guitarrilla o guitarra renacentista, también conocida como vihuela vulgar; mientras que el más grande es la vihuela o vihuela de mano (entre los que necesitaban distinguirla de la vihuela de arco).
La guitarrilla tiene cuatro órdenes y es el instrumento que "evolucionó" (como le tengo alergia a este verbo, lo meto entre comillas) hacia la guitarra moderna, la que conocemos hoy en día; mientras que la vihuela dejó de tocarse o entró en desuso hacia finales del siglo XVII. Mucha gente piensa que la vihuela se convirtió después en guitarra, pero eso es un error. Lo que sí ha ocurrido es que el repertorio para la vihuela ha permanecido hasta la actualidad entre los guitarristas, y de hecho, todavía hoy en día, es de estudio obligado y es repertorio obligado hasta en concursos prestigiosos. Las obras de Luis de Narváez, Diego Pisador, Enríquez de Valderrábano, Alonso de Mudarra, Miguel de Fuenllana y Luis Milán continúan viviendo entre los dedos de los ejecutantes modernos.
Sin embargo, es curioso que la música para guitarrilla apenas se conozca entre los ejecutantes actuales, y si eso es así, el arreglo más cómodo que le hacen es doblar el bajo cambiando la afinación de la sexta cuerda hacia el re grave.
La guitarrilla sí llegó a un punto en el cual el ejecutante del siglo XVI avanzado, debido a los cambios ocurridos en el estilo (cosa absolutamente natural y todavía ocurre, gracias al Dios de las Guitarras), necesitó ampliar las posibilidades del instrumento. Primero se agrandó la caja de resonancia y luego, años más tarde, se le agregó la quinta cuerda. A este modelo de guitarra le llamamos en la actualidad "guitarra barroca". De hecho, esta guitarra conserva la proporción de la afinación de la guitarrilla, más un bajo una cuarta justa hacia lo grave.
Lo que me llama la atención es que en la actualidad, en Venezuela, ha habido un resurgir del cuatro. Últimamente hay cada vez más y mejores ejecutantes del instrumento, que llegan a hacer cosas sorprendentes con el instrumento. Y lo más interesante es que he escuchado decir a algunos ejecutantes que ya el instrumento les "queda corto", como si hubiera necesidad de que el cuatro "evolucionara". Habría que ver hasta qué punto sería esa "evolución", y con las modernas técnicas, sería interesante ver hacia dónde llevan los cuatristas tal "evolución". Esto me hace preguntarme si estamos en un punto igual a 1650, cuando los guitarristas le pusieron la quinta cuerda a la guitarra: en 2011 ¿qué le van a poner al cuatro? ¿cuerdas de metal? ¿sistemas de amplificación o distorsión del sonido? ¿otra caja de resonancia diferente? Habría que ver.

lunes, 3 de enero de 2011

Cuestión de conceptos

Una línea delgada es la que separa la música popular de la llamada "culta", "clásica" o "académica". Lo primero es señalar que llamar popular a la música (o a la expresión artística que sea) resulta relativamente fácil, mientras para lo otro -que entrecomillamos- no lo es tanto, y siempre, siempre hay que dar explicaciones.
Primero, porque lo que es dable y natural es la expresión neta, pura, primaria del arte, es decir, aquello que es expresión natural de la gente. Y allí es donde, normalmente, entra en consideración aquello que llamamos lo popular. En esta categoría entra todo aquello que nos pertenece por legado natural y ancestral, cultural, tradicional (¡entonces es culto lo popular!). Lo que pasa, o pasó y ahora trata de no pasar, es que los siglos XVIII y XIX pesaron muchísimo sobre nuestra visión de lo artístico, y de alguna manera hubo una escisión -que a mi se me antoja artificial- y que no solo hizo muchísimo daño entre los hacedores de la cultura, incluyendo la música, sino entre el público, amante de sus propias expresiones; y también capaz de aceptar todo lo nuevo que venga, elaborado o no.
La guitarra muestra todas estas características, y la música para nuestro instrumento es un claro ejemplo de lo que pasa, pasó, ha pasado y seguirá pasando. Ver la historia de la guitarra es observar una película o una telenovela de amor, en la que la estirpe popular es relegada, ocultada, velada... y solamente es mostrada y exaltada la parte "bonita"... Basta ver, también, cómo los guitarristas del siglo XX se empeñaron duramente por formarse no tanto como músicos, como ejecutantes, como transmisores de un legado musical, sino como virtuosos, acróbatas, maromeros: mientras más rápido se toca, mejor... más importante se es. Todos los que hemos estudiado guitarra hemos pasado por la competencia, primero con el metrónomo (¡no menos de negra igual 90!) y luego con nuestros condiscípulos, a ver quién tocaba más y más rápido, desde los ejercicios técnicos y estudios hasta las piezas de concierto.
El repertorio popular, las serenatas, la música cantada y con acompañamiento para guitarra pasó a ser la vergüenza de los guitarristas "clásicos". De hecho, la música en la cual la guitarra acompaña es anatema entre los guitarristas "de verdad". Un guitarrista "serio" toca solo... y se basta. Cuando un guitarrista expresa su deseo de hacer música de cámara, o de buscar un cantante para hacer Schubert (por ejemplo) o de buscar un violinista para tocar Paganini, más allá de la Sonata Concertata, es muy mal visto... y creo que justamente allí es donde radica la riqueza de la guitarra, en sus infinitas posibilidades para tocar con otros instrumentos, para acompañar, para dejarse acompañar, para dejar de ser la vedette por un momento, para compartir con una buena voz, para serenatear.
En Venezuela, guitarristas como Aquiles Báez o Miguel Delgado Estévez, e incluso Rubén Riera, están dejando un importante legado con el cual demuestran que la guitarra acompaña y puede ser tan virtuosa como cuando se enfrenta a las partituras duras del repertorio guitarrístico. Incluso, en la simple sucesión de acordes sustenta armónicamente la melodía, con agrado, buen gusto. Pienso en Manuel Enrique Pérez Díaz, Raúl Borges o el mismísimo Antonio Lauro y estoy segura de que a ellos no les habría importado para nada compartir ambos mundos: un buen Aranjuez junto a unas deliciosas Serenatas... al oído, mal no le hacen.