jueves, 31 de mayo de 2018

Homenaje a José Luis Lara


Por Ana María Hernández Guerra

A José Luis Lara lo conocí porque participé, en 2010, en el Festival Internacional de Guitarra de Angostura, con mi guitarra y repertorio del barroco.
Era una persona gentil, amigable, atento con los guitarristas que participamos en el festival. Entre él y Douglas Estévez nos hicieron pasar unos días a cuerpo de rey en la hermosa Ciudad Bolívar, y nos alojaron en el maravilloso Museo Jesús Soto, que tiene, entre sus facilidades, un espacio para hospedar artistas. Mejor tratamiento, imposible.
Lara fue siempre muy gentil y preocupado por el movimiento guitarrístico venezolano. Pudo haberse dedicado por entero a su carrera, cuestión que hace normalmente un artista. Pero no. Además de llevar adelante su oficio de solista, también era docente y sobre todo, promotor de la actividad guitarrística. Y esto último, sin duda, se le agradece altamente porque precisamente esa promoción es la base de la difusión de nuestro instrumento, dar la plataforma necesaria para que los guitarristas se conozcan, den a conocer sus repertorios, para que el público disfrute de conciertos de calidad, para que los jóvenes se codeen con los maestros, para el intercambio necesario entre artistas. Todo eso era posible gracias al impulso de gente como José Luis. Por eso, su partida nos parece injusta, innecesaria. Lamentable. Irreparable. Sobre todo por la manera vil en la que falleció: víctima de la inseguridad reinante en Venezuela.
Este espíritu de devoción por difundir el instrumento es el que anima a un grupo de guitarristas venezolanos que participarán este domingo 3 de junio en la Casa de Rómulo Gallegos para rendir tributo a su memoria y a su obra.


La cantidad y calidad de guitarristas participantes da fe del aporte de Lara al movimiento del instrumento en el país. He aquí el programa y los participantes:

Primera parte

Alejandro Bruzual
Palabras de duelo y presentación del CD de José Luis Lara, dedicado a Antonio Lauro
Simón Valbuena
La gatica (valse)... Antonio Lauro
María Carolina (valse)... Antonio Lauro
Julio Medina
Atardecer (valse)... Lencho Amaro / arreglo: J. Medina
Chamado (choro)... J. Medina
Silvio Mencías
Serenata caraqueña... Manuel E. Pérez D. / arreglo: Leopoldo Igarza
Tan lejos y tan cerca (valse)... Alexandro Rodríguez.
Ignacio Barreto
Tres piezas breves... Rodrigo Riera
Marina Parilli
Como llora una estrella (valse)... Antonio Carrillo / arreglo: Alirio Díaz
Priva resuello (pasaje)... Ignacio “el Indio” Figueredo / arreglo: A. Díaz
Luis Quintero
Siempre me acuerdo de ti... L. Quintero (dedicado a su esposa Flor)
Néstor y Bernardo Viloria (guitarra y arpa llanera)
Frágil.... Néstor Viloria
Gabán guitarpeado.... Tradicional / versión: Guitarpa Dúo

Segunda parte

Julio Sánchez
Misty... Erroll Garner / arreglo: J. Sánchez
Night & Day... Cole Porter / arreglo: J. Sánchez
José Agustín Abreu
Valse venezolano... Raúl Borges
Desafinado (bossa nova)... Antonio C. Jobim / arreglo: J. A. Abreu
Lorenzo Camejo
O Choro de Juliana... Marco Pereira
Sevilla (de la Suite Española, Op.47)... Isaác Albéniz / transcripción: John Williams
Ignacio Ornés
Yacambú (valse)... Antonio Lauro
Fandango (de las Tres piezas españolas)... Joaquín Rodrigo
Guillermo Flores
Nuestras dos almas (valse guayanés)... Félix Mejías / arreglo: José Luis Lara
Heben (valse)… Leopoldo Igarza
Richard Arellano
La canción del por qué... Antonio Lauro/ I. Pérez Rossi
Casta paloma... Alejandro Vargas / arreglo: A. Lauro
Rómulo Lazarde
Romance anónimo… arreglo: R. Lazarde
Pajarillo con gabán…R. Lazarde

Carlos García Carbó y Gustavo García (guitarra y violín)
Viajera del río (bolero)... Manuel Yánez / versión: C. García C.
Rincones compartidos (bolero)... Ciliberto Ramírez / versión: C. García C.

sábado, 24 de marzo de 2018

José Antonio Abreu: artífice de la música en Venezuela


Lima.- Descansó en paz, finalmente. El maestro José Antonio Abreu falleció esta tarde en Caracas. Su cuerpo finalmente descansó luego de una silenciosa batalla con una enfermedad que lo mantuvo alejado de la escena pública. Pero, seguramente, eso no le importó, Abreu era un asceta convencido, un hombre sencillo, más bien devoto, austero. Él prefirió dejar que su obra, su legado más importante, brillara por él: el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, el Sistema a secas. Y no solo brilló esa obra, sino que hizo eco en otras importantes obras similares en el resto del mundo. Incluso, acá, en la capital peruana, la Sinfonía por el Perú, que lidera el tenor Juan Diego Flórez, realiza una labor social y artística de altura y calidad.
José Antonio Abreu Anselmi nació en Valera (estado Trujillo - Venezuela) el 7 de mayo de 1939. Desde joven demostró grandes habilidades para la música.
Por ejemplo, en la Escuela Superior de Música, "José Ángel Lamas", siendo aún alumno del maestro Vicente Emilio Sojo, demostraba una excepcional habilidad para la improvisación. Cualquiera de sus condiscípulos o maestros silbaba o entonaba una canción, y tomaba José Antonio el piano y se sentaba a improvisar una obra completa. Algo que es cotidiano entre los amantes del jazz, en el plano de la música culta, académica o clásica asombra, sobre todo porque desde el siglo XIX se ha acostumbrado tanto a los ejecutantes como a la audiencia a pensar que la improvisación es cosa del jazz, cuando para los músicos es la esencia.
Pero así, el joven Abreu se granjeó desde muy joven, el respeto de sus colegas. Así que en esa institución estudió piano, órgano, clavecín, composición, dirección orquestal; mientras que en las reuniones sociales era prácticamente el alma de la fiesta, según lo han confesado en algunas oportunidades sus propios amigos.
Como compositor, Abreu es autor de obras sacras. Eso demuestra cómo su vida estuvo dedicada no solamente a la música, sino también a Dios. Entre su catálogo figuran obras con textos del Apocalipsis, y de los evangelios.
Pero, sin duda, su obra magna es el Sistema. En varias oportunidades nos dijo en entrevistas "yo no necesito componer más música, mi obra es el Sistema, mi dedicación es crear orquestas, fomentar la música entre los jóvenes y niños", y vaya que lo insistía. Y así lo hizo.
El Sistema surgió en los años setenta por petición del maestro Ángel Sauce, maestro en la citada Escuela Lamas. Sauce necesitaba que los estudiantes de los instrumentos de orquesta tuvieran una agrupación con la que pudieran practicar. Y le hizo el encargo a Abreu. De modo que aquello que bien pudo haber sido una actividad práctica escolar más, se convirtió en el monumento cultural más emblemático de Venezuela. Y a esa labor se dedicó en cuerpo y alma, asistiendo a las clases y supervisando la labor de los maestros, asistiendo a los ensayos de las diferentes orquestas, corrigiendo a los jóvenes directores, indicando qué hacer y cómo sonar los matices de las obras.
Gustavo Dudamel, en cierta entrevista que le realizamos, nos relató cómo Abreu se dedicó a formarlo como director: "en el carro, mientras él iba a alguna audiencia o diligencia, me indicaba cómo debía atacar ciertas partes en la partitura, y cuando él estaba en la gestión que estuviera haciendo, me dejaba tareas para yo ir estudiando". Y así fue como Abreu le transmitió su saber a Dudamel, casi una dedicación exclusiva, lo preparó para las grandes obras sinfónicas y para extraer de las orquestas los sonidos más delicados o más dramáticos, según el caso.
No hubo estudiante o maestro que no lo alabara o lo atacara. Porque hay que decirlo, Abreu tuvo tantos detractores como admiradores. No obstante, él supo blindar su obra contra las adversidades. Supo hacer lobby y esperar pacientemente a que gerentes, directores de empresas, jefes de distintas oficinas lo atendieran para él proponer las bondades de su proyecto. Y así fue, así ha resultado.
Pero es que Abreu no solamente fue hábil con la música, con las composiciones o con la dirección orquestal -incluso no se amilanó a dirigir desde una silla de ruedas, luego de haber tenido una complicación de salud-, también se formó como Economista, egresando de la Universidad Católica Andrés Bello con los máximos honores, Summa Cum Laude. Cursó posgrados y obtuvo el título de doctor. A la par, también desarrolló una carrera política, y fue congresista en varias oportunidades. Incluso, llegó a ser titular del Ministerio de Estado para la Cultura y presidente del Consejo Nacional de la Cultura, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato.
Durante la época de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, se dedicó a consolidar y fortalecer aun más el Sistema, fortaleciendo el programa con importantes alianzas internacionales. Hoy por hoy, nadie le niega su lugar en la Historia, con H mayúscula. Solamente le faltó obtener el Premo Nobel de la Paz, aunque atesoró -más para el Sistema que para él- premios y galardones como el Polar, el Príncipe de Asturias, entre otros, e innumerables Doctorados Honoris Causa.
Ya en un plano más personal, Abreu era un hombre reservado, de voz muy queda, tan queda que a veces era difícil transcribir las entrevistas. Su mirada penetrante te hacía saber quién tenía el control. No obstante, era una persona con una memoria extraordinaria, capaz de llamarte por tu nombre en cualquier circunstancia y sin ayuda del asistente, muy buen conversador y amantísimo de la música antigua.
Personalmente, puedo dar testimonios de muchas, incontables conversaciones con Abreu sobre música antigua, sobre la guitarra y la interpretación histórica, incluso sobre temas humanos, divinos. Abreu soportó mis preguntas impertinentes con estoicismo y delicadeza, esquivando o respondiendo con habilidad y cordialidad.
Hoy en día ha fallecido el maestro, y cualquier músico en cualquier parte del mundo sabrá tener para él una palabra. Yo le digo: maestro Abreu, ahora sí le hablará de cerca a Dios y creará, sin dudas, una orquesta celestial. Descanse en paz.

domingo, 25 de junio de 2017

Crónica Minimalista: El baterista de Tracabordo

Caracas.- La noche en Caracas es horror. No hay otro modo de describir la desazón, desconfianza, desesperanza, ansiedad que invade al habitante de esta ciudad. Como la calima o el smog, se instaló en la atmósfera caraqueña una porción picante, remanente de las lacrimógenas y el gas pimienta. Así huele esta ciudad desde hace tres meses. Se añade a esos aromas el olor de la adrenalina que emitimos todos los habitantes... sin discriminación. Y no hablemos del ruido: rugido de motos, sirenas, hacen acordes con morteros, bombas, disparos al aire de distintos calibres. Sobre las 8:00 p.m., salgo de la estación Parque Carabobo, cruzo en Monroy. Lejano ruido de camión de basura, los cacerolazos permiten distinguir la calidad de la olla y del instrumento que golpea, de tanto y tanto que se oyen (cucharón de madera sobre aluminio, paleta de plástico sobre acero inoxidable, cuchillo amellado sobre caldero otrora freidora). Así que lo que hace dos años era queja, ahora es bálsamo, ahora es música de meditación, cuando al acercarme a la próxima esquina se escucha el rítmico estruendo del baterista de Tracabordo.

jueves, 22 de junio de 2017

La guitarrista del doctor Lau



Uno de los trabajos extras más lindos que me ha tocado realizar en los últimos tiempos es acompañar al doctor Lau.

Don Pablo y doña Cristina son dos señores maravillosos, una linda pareja, que a sus ochenta y tantos, aun siguen enamorados.





A don Pablo Lau siempre le gustó cantar, y ahora de viejito, es una de las cosas que más disfruta, y pues, me ha tocado a mi el honor de ser su guitarrista acompañante.


Como estar por Caracas con un instrumento al lomo puede ser considerado un acto subversivo, utilizo la guitarra que está en la casa de don Pablo. Se trata de una venerable Tatay, quién sabe de cuándo.

Imagínense que la madre de don Pablo, Nieves, la usaba para acompañarse en sus canciones. Y allí está, la ajada Tatay dispuesta en la pared de la casa, mirando desde la distancia todo lo que pasa en ese recinto.

Y vaya que el tiempo ha hecho su trabajo, pues sus maderas suenan robustas, sabias, y si me pongo en plan de catadora de vino, con olores frutales y notas de cedro. Es muy interesante porque el sonido de este tipo de guitarras tiene un encanto particular, dulce y hasta de ensueño; no como la fortaleza sonora de las guitarras de concierto, cuyos sonidos todos son limpios y nítidos. En esta Tatay hay carraspeos y ronqueras que, a mi modo de ver, le dan un toque especial.


De modo que, dos tardes a la semana, me dispongo a ir donde don Pablo, y repasamos su cancionero, al que, por supuesto, hemos agregado otras piezas: boleros como "Tú me acostumbraste", "Angustias", "Frenesí"; la "Serenata" de M.E. Pérez Díaz (una de mis favoritas), las canciones de Agustín Lara, como "Granada" o "Noche de Ronda", o canciones como "Alfonsina y el mar", "Desesperanza", "Cuando calienta el sol", "Lágrimas negras" y hasta tangos como "Por una cabeza", "El día que me quieras" o "Nostalgia" se lucen en la voz de este caballero, quien entrega, en cada canción toda su alma.

Muchas veces, nos acompaña la señora Cristina, y es entonces cuando Pablo se luce más y le dedica con todo su corazón y vehemencia las letras románticas, al final de lo cual la dama aplaude con entusiasmo juvenil.


Estos son momentos gratísimos de la vida. Son regalos: para el doctor Lau, porque se siente acompañado en su canto. Para la señora Cristina, porque se contenta mucho al ver feliz a su marido, y a mi porque siempre es un privilegio hacer música, y más bajo estas bellas condiciones.

(Fotos cortesía Oswer Díaz Mireles)

jueves, 8 de junio de 2017

Crónica Minimalista: Luz al final del túnel

Caracas.- A las 6:45 a.m. nos despertó la algarabía de un sonoro "¡Viva Venezuela!". Pensé por un momento que la Situación-País había cambiado. No fue así. La noche anterior, La Candelaria se había convertido en un campo de batalla. Tiros de distinta especie. Cacerolazos. Lacrimógenas. Gritos de "¡asesino!", "¡cobarde!" y demás improperios se escuchaban, en plural y en singular, con más o menos intensidad. El recorrido en la mañana dejó constancia de la lucha campal: Platanal a Candilito, Candilito a Avilanes a Mirador. Escombros, miríadas de vidrios rotos, restos de objetos quemados, calcinados. Muchos cartuchos inservibles. Barricadas. Paneo por la zona de la avenida Este 0 (o sea, camine usted desde la Cruz Roja, pase por el Sambil Candelaria, y siga subiendo en dirección oeste), una enorme barricada, digna de admiración, en toda la parte de atrás del Sambil (¿a Jorgito le saldrá al menos un jalón de orejas por eso? porque a los "otros" les sale rin y corriente). El panorama no es menos diferente si se sigue subiendo, Alcabala, Cruz de La Candelaria. Cristales rotos en el edificio París. Queda muy lejos aún la luz al final del túnel.