miércoles, 24 de octubre de 2012

Crónica Minimalista: Violencia urbana

Caracas.- La discusión comenzó porque ella no quería aceptarme una moneda de cinco céntimos. "Tres boletos simples, por favor", y le entregué cuatro monedas de un bolívar, una de veinticinco céntimos, dos de diez céntimos y la moneda cobriza de la discordia. No hubo argumento que valiera contra ella, la operadora del Metro en la estación Nuevo Circo. Ni siquiera porque es moneda de curso legal, perteneciente al nuevo cono monetario revolucionario y bolivariano mismo. Ni siquiera. Sin proponérmelo, logré sacarla de sus casillas. Me ignoró. Un chico atónito en la cola me dio los cincuenta céntimos creyendo que a mi me faltaba dinero. La operadora cerró la taquilla y abrió la de al lado para seguir vendiendo. Rendida, me fui a la caseta principal para pedir explicación del por qué no se acepta una moneda de curso legal. Devaluada, sí. Pero legal. Ya la operadora me había dicho que había una especie de "resolución" o "decisión" según la cual esas moneditas chiquitas no eran aceptadas. El de la caseta principal sensatamente dijo que sí, que había que aceptar la moneda. Regresé donde la operadora rebelde, a quien llamaron por teléfono para que le diera a la (supongo que a estas alturas del cuento) "loca" el boleto faltante. La operadora me dio mi boleto, y para  castigarme, de modo tal que yo entendiera que la moneda de cobre es indeseada, persona non grata, rechazada, desdeñada, me la mostró y me dijo: "mira lo que hago con tu moneda", y acto seguido la arrojó al basurero. Dime tú si esta no es una forma de violencia urbana.

lunes, 23 de julio de 2012

Crónica Minimalista: Lo mismo que a usted

Caracas.- Miré de frente el rostro del personaje, y me asusté. Sabía que tenía que decirle algo coherente. Un saludo, "hola" no más. Pero no. No fue posible. Me acostumbré tanto a dialogar desde el teclado, que mirar de frente otros ojos que no sean los míos desde un espejo me asusta. Solo puedo ser sincera con las teclitas y sus pitidos que engendran melodías al azar. Mirar a otra persona, sí, un humano, cierto, ya me atemoriza. No sé qué decir. Mis sentimientos son sinceros en clave de blackberry, android, iphone, nokia o chimberry, y mis amores huelen a tinta de tuiter y feisbuc. No sé si a usted le pasa. Si es que a mi me pasa lo mismo que a usted.

lunes, 9 de julio de 2012

Crónica Minimalista: Con su soledad o sin ella

Caracas.- Siete de la mañana. Las paradas de buses y camionetas lucen abarrotadas de gente, a pesar de que el fin del año escolar es inminente y, sí, cada vez hay menos escolares en las calles. Gente seria, gente adusta, bien vestidos, mal vestidos. Con prisa o sin ella. Perfumes que se combinan con el olor de los escapes y con el sudor tempranero. La avenida Baralt luce su impecable inmundicia que ya es atributo de normalidad, costras de mugre y olores imperdonables, eternos. Y sobre esa capa, la gente acepta el desafío y espera paciente por su transporte. Con su soledad o sin ella.

viernes, 25 de mayo de 2012

Crónica Minimalista: Toda violencia, toda pasión

Caracas.- Fue un día hermoso. El azul del cielo brillante invitaba a jubilarse de las obligaciones. El sol declinaba sobre los árboles mostrando en ellos todos los verdes. La atmósfera se respiraba límpida. Así estuvo el día, más cálido, de quieta atmósfera. Caracas lucía esplendorosa, con sus montañas severas y majestuosas. En el interior de cada quien la ciudad late diferente: desde los sueños imposibles, desde las angustias. Desde la incertidumbre por saber cuánto tarda La Planta en resucitar de sus escombros, resurgir de sus cenizas como el ave fénix o reencarnar en otras especies más o menos vegetales. Late distinta la ciudad que bulle en el latido particular, en la soledad y la tristeza que arropa hasta el cuello y se ancla en el nudo de la garganta, y no se puede mirar al cielo porque el azul no tiene el mismo sabor de la belleza que se describe, sino que se palpa amarga y áspera. El rostro trata de sonreir para hacer una consonancia con la luminosidad de mayo... Cae la tarde. En el oeste aparece una luna que sonríe desde su fase creciente. El azul se despoja de su manto y deja ver su piel de estrellas, desnuda, oscura. Verdadera. Una estrella enorme se posa entre los edificios de Propatria y transmite su luz de calma y consuelo al alma herida, toda violencia, toda pasión.

sábado, 21 de abril de 2012

Crónica Minimalista: Me inclino por lo primero

Caracas.- Sabana Grande hervía de fanatismo, a media tarde de este sábado. Pantallas por todas partes exhibían un partido de fútbol. Al parecer no era cualquier partido, sino uno en especial, a juzgar por la cantidad de fanáticos alrededor de cada pantalla. La marcha bajo el sol inclemente me llevó a buscar refugio en el City Market, agua y café de por medio, mientras los vítores iban y venían a cada tanto marcado. Pudo más la curiosidad que la necesidad de descanso, al tratar de ver la actuación de la Vinotinto; pero ¡oh sorpresa! se trataba de los dos rivales españoles, disputando el encuentro. El cansancio y la uniformidad arquitectónica del centro comercial me hizo pensar de pronto que estaba en España. Miré alrededor, y no. El paisaje humano me trajo de regreso a la Tierra de Gracia. No era la Vinotinto, sino una vez más las opciones: o la faramallería criolla, o la imperiosa necesidad de transferir vicariamente quién sabe qué frustración a un fanatismo que nos pertenece. Me inclino por lo primero.

domingo, 15 de abril de 2012

Crónica Minimalista: ¿Dónde está la cámara?

Caracas.- "Resistencia literaria". Así ponen los letreros de los libreros que habitan bajo el puente de la avenida Fuerzas Armadas. Luego de una merecida refacción, ahora los habitáculos de los libros usados exhiben esa frase: "resistencia literaria". ¿Será que son libros que se resisten a ser leídos? ¿un comando especial que no quiere nada con las letras ni lo literario? ¿algún tipo de literatura resistente a qué cosa? (la literatura resiste, los que no resisten son los lectores). Tanta divagación inútil se despabila ante el ronroneo de cuatro motos que pasan raudas por la Urdaneta. La marcha prosigue dejando atrás los devaneos sobre el campo semántico revolucionario y la mirada se detiene ante un excluído de la Misión Negra Hipólita, uno en particular, aquél que duerme su sueño menesteroso dándole cobijo a un perrito… ¿dónde está la cámara?

sábado, 14 de abril de 2012

Crónica Minimalista: Trata de sonar en el Metro

Caracas.- Tu aliento se confunde con el mío, tu cuerpo con el mío, tu ropa con la mía, tu piel con mi piel, tu rostro con mi rostro. Nos apretamos uno contra el otro, más y más. Más. Mucho más… No es un relato erótico. Ni siquiera te conozco. Estamos en un vagón cualquiera del Metro de Caracas, y allá, entre sudores, humores, fluidos, vahos, olores, angustias, desesperanzas; entre señal y señal del cierre de puertas se oye un reguetón. Se intuye a lo lejos otra música parecida. Más allá, algo que parece ser rock. Y entremezclado, quejas y reclamos. Abren las puertas, salen y entran las sardinas a la lata. Afuera en la estación, curiosamente, suena la música de Chopin. La espera por el próximo tren debería hacerse placentera. Sin embargo, los nocturnos, el Vals Brillante, otros valses no menos luminosos tratan de persuadir al caraqueño que vale la pena vivir, a pesar del Metro, y nadie se convence. Más bien, Chopin da urticaria. Algún musicoterapeuta debió haber recomendado tal selección musical, que lamentablemente no combina con las angustias y las prisas, con la violencia citadina. Y es que Chopin mismo, cuando suspiraba por la Sanders, destilaba angustias. El piano de Chopin persigue a los ocupados transeúntes, los conmina a portarse bien, como Beethoven en "La Naranja Mecánica", suenan las teclas prestísimas a lo largo del pasillo de transferencia entre las líneas 1 y 2. Los dedos golpean las teclas y aporrean los tímpanos de los que aguardan en el andén. Adentro, en el vagón, nuevamente en su condición de sardina, el pasajero suspira de alivio, no se sabe si porque finalmente se montó y cree que llegará a su destino, o porque finalmente se libró de Chopin. Del triste Chopin que trata de sonar en el Metro.

martes, 10 de abril de 2012

Crónica Minimalista: La historia de tu ciudad

Caracas.- Sales de la estación del Metro en Capitolio. Subes hacia la esquina de Padre Sierra. Volteas de reojo a tu derecha y ves la sede de la Asamblea Nacional. En Padre Sierra te diriges hacia Las Monjas y esperas ver a los "tarjeteros" que te ofrecen comprar oro, plata, dólares, euros… pero no, es muy temprano. Son casi las siete de la mañana. Miras de frente y te topas con un sol que intenta salir entre la relajada nubosidad mañanera. Lo tienes perpendicular a ti, inevitable. En pocos minutos, te obligará a bajar la mirada. Adelante y a tu derecha está el Palacio Municipal, con su colección Emilio Boggio, que poca gente conoce. La mayoría piensa que es únicamente la belicosa sede de la alcaldía y algunos otros recuerdan que allí, todos los 19 de abril (y el que viene no será la excepción) se lee el acta de apoyo a la restitución de los derechos de Fernando VII. Decides subir en diagonal, por la hipotenusa, y atravesar la plaza Bolívar. Miras hacia arriba, y ves que en la coronilla del Libertador una paloma hace lo suyo. Oyes las fuentes de la plaza, y las aguas que manan tratan de convencerte de una frescura límpida. "Abrebrecha" de Alí Primera, y supones que todo su repertorio después, suena y sonará lacónicamente durante todo el día bajo una carpa roja. Inmortales ardillas, perezas, pájaros y palomas deambulan entre los árboles y ante la siempre mirada asombrada del que pasea por allí. Llegaste a La Torre y contemplas la Catedral pueblerina, y no puedes evitar pensar que la iglesia de San Francisco, unas cuadras más abajo, tiene más pinta de catedral metropolitana que esta fachada blanca nada original. Pero es la que tiene historia y abolengo. Sigues caminando y, como no tienes prisa, retienes el paso. Tienes el sol de frente, bajas la mirada, te pasan los que van tarde al trabajo, te echan humo ahora prohibido, te golpea el olor de la tinta en la prensa. En Madrices, sucumbes ante el aroma del café. Vuelves la mirada y ves el camino recorrido. Sonríes, y no puedes evitar mezclar en tu memoria lo que acabas de recorrer con la historia de tu ciudad.

lunes, 2 de abril de 2012

Crónica Minimalista: A cabo de diez minutos

Caracas.- Solo diez minutos bastaron para que todas las manifestaciones humanas convergieran en la esquina de Ánimas de la avenida Urdaneta. Mientras se hacía la espera, la lenta marcha de los carros no daba oportunidad para el respiro. Un camión de bomberos quiso subir en dirección hacia Miraflores, diez motorizados se apiñaron en dirección contraria, entre carro y carro para ver cuál alcanzaba más pronto su destino. A nueve pasos y medio de mi, una niña ¿adolescente? trataba de calmar el llanto de su muñeca... perdón, de su bebé. El semáforo cambiaba de verde a amarillo, a rojo, a verde, a amarillo, a rojo, a verde, a amarillo, a rojo, a verde, hasta que los colores se cansaron en la retina de los conductores y ni los silbatos de los policías podían contener la avalancha desobediente. Pasó una buseta y unos desgreñados desafinaron una canción de Montaner. Pasó otra, y un acordeón competía con una charrasca y tres voces destempladas, tratando de convencer a su audiencia de que eso merecía unas cuantas monedas. Se acercó un mendigo y se llevó un billetito y una sonrisa, luego pasó la drogadicta sempiterna de La Candelaria, la que cada vez está más y más flaca (hasta la transparencia) cantando invariablemente que le regalen cien bolívares (nunca se enteró del cambio en el cono monetario). Se acercaron los mirones. La bufanda voló hacia el cielo y quiso alcanzar las ramas mustias de un árbol ignorado, en tanto alguna vez llegó el emisario, solo al cabo de diez minutos.

viernes, 30 de marzo de 2012

Crónica Minimalista: En la zona de confort

Caracas.- Vivimos en capas superpuestas de mundos inventados, hipócritas, falsos. Erigimos falsos ídolos, con argumentos falaces. Nos engañamos y aceptamos ser engañados. Aceptamos con resignación la premisa según la cual hay que evitar el dolor, eludir lo feo, huir del disgusto, evadir el malestar, y a cambio de ello, compramos el placer, el hedonismo, la risa fácil, el dulce sintético, y nos hacemos adictos a la moda, al qué dirán, al espejo que devuelve un reflejo hermoso, a una zona de confort.
Creemos que somos libres porque hacemos lo que nos da la gana. Resulta que la libertad es un producto de consumo más, un producto simbólico que compramos al mejor postor, en los buhoneros, en el mercado, en el centro comercial, en Mercal, al traficante o al pana a través de un catálogo de productos, no importa la marca. Compramos la idea de la liberación de esclavos, cuando es un producto cuidadosamente pensado para hacer creer que eres dueño de tu tiempo, de tus sueños. Compramos la idea de la planificación, porque así podemos posponer nuestros deseos para cuando a otros les convenga y les venga en gana. Compramos la idea de las metas, porque a cada tanto tiempo en nuestras vidas se deben cumplir ciertas etapas: estudia, gradúate, cásate, ten hijos, adquiere tu tarjeta de crédito, cómprate un carro, cómprate una vivienda, hazte una cirugía, ponte las tetas/ nalgas/ boca/ botox, ahorra, viaja, jubílate. Pero… estudia lo que te digo, cásate y escoge por conveniencia. No tengas un hijo, pobrecito, necesita un hermanito o hermanita. ¿Y vas a seguir usando eso? ¿y no te da pena como eres? ¿y tú no tienes carro/ laptop/ tableta/ pin/ divisas? Así hasta el infinito, erigimos nuestra zona de confort.
Nos negamos al monoteísmo, y necesitamos ídolos, tal cual hace seis mil años. ¿Eso es evolución? ¿cuál es la evolución? Así que fabricamos héroes de carne y hueso a los que tratamos por todos los medios que no se les vean las costuras. Y, por supuesto, a los que no se les pueda criticar: "deberías apoyarlo porque es venezolano", "déjenlo trabajar", "ha hecho mucho por el país", "a él/ ella sí le importan los pobres"… hasta que llegue el niñito del cuento y exclame: "¡el emperador está desnudo!". Se derrumban los ídolos, cae la moral, necesitamos un nuevo líder y hay que fabricarlo. Igual que hace seis, siete mil años, porque el ídolo –de barro, de yeso o de carne y hueso- es nuestra zona de confort.
Todo para que al final de nuestras vidas, luego de asombrosas revelaciones y bajo capas y capas de lastre y engaños, descubramos nuestra carne viva, pellejos desnudos, vulnerables, pero en la zona de confort.

lunes, 12 de marzo de 2012

Crónica Minimalista: De lunas, de estrellas

La música pinta en tus manos una melodía tenue
Dibujas en el lienzo de tu guitarra las líneas más sencillas
            los tonos más amables
            y tu voz le pone resonancia y perspectiva al cuadro de tu canción.
Escucho y veo en el aire
el verde encanto de un amor que nace
que se apropia de los adjetivos
y produce gamas infinitas.
Presiento en tu pecho la voz del rosa pálido,
            y de los grises que se agolpan en mis sienes
            que me aturden
            me embelesan
Descubro en tu piel los matices de los acordes y consonancias
            y dibujas en mis aromas
            el leve encanto de la seducción
            que se hace eterna en el tiempo y en el espacio.
Busco en tus labios la forma
de descifrar un enigma
retengo en mi memoria 
tus claves y tus tonos
Abrigo en mi esperanza los sonidos más hermosos
unidos a esos colores que me impactan 
y me asombran
Levanto entre mis manos 
la copa de tus licores
inclino su borde a mis abismos para bañarme 
y ondear en el recinto un manto de amores
                                                   de lunas
                                                  de estrellas.

domingo, 11 de marzo de 2012

"Canarios" de Gaspar Sanz


Aquí les ofrezco "Canarios" de Gaspar Sanz. Estoy tratando de hacer varios videos e irlos mostrando. Mientras tanto, continúo montando repertorio para la guitarra barroca, sin abandonar ni la guitarrilla ni tampoco la guitarra moderna. Disfruten del video.

lunes, 5 de marzo de 2012

Crónica Minimalista: Entre letras y bytes

Caracas.- Nadie buscaba. No lo buscábamos. Allá, lejos, muy lejos, un ciudadano sube y baja las cuestas de su ciudad, cruza sus puentes, toma fotografías, pinta. Va y viene. Acá, en Caracas, una ciudadana viene y va, sortea la violencia como puede, trata de sobrevivir en una absurda maraña de sordidez. Alguna vez, algunas veces, los caminos de ambos no se bifurcan, y se encuentran en la red. Se visitan, se comunican, se frecuentan. Las coincidencias superan las diferencias, hay consonancia, casi hay contacto y en esta inmensa urbe que se ha convertido el globo terráqueo, se inauguran nuevas formas de ser humanos entre letras y bytes.

martes, 14 de febrero de 2012

Crónica Minimalista: Aventura de la velocidad

Caracas.- ¡Faltan diez minutos para las siete! El segundero avanza sin contemplaciones. A las siete en punto de la mañana tienes que estar en tu escritorio, reza el imperativo. Desde El Paraíso hasta la Urdaneta hay un trecho, que sin colas, bastan quince minutos, veinte tal vez para llegar. Pero con la ristra de vehículos apiñados sobre el asfalto, serpiente emplumada de humos y humores, solo queda el recurso de la moto taxi: no importa el traje. No importa qué tan bien huela tu cabello. No importa si el escote es amplio y tus senos se hielan con el impacto de la brisa a más de ochenta kilómetros por hora. Por estar a las siete en punto allá, recogerás tus faldas, te pondrás el caso repleto de aromas y grasas, convencerás a tus senos de que un poquito de aire no hace daño, y te lanzarás a la aventura de la velocidad.

jueves, 2 de febrero de 2012

Crónica Minimalista: La mañana más hermosa del mundo

Caracas.- La mañana más hermosa del mundo es la de hoy, cuando mi corazón amaneció nostálgico. Amaneció en azul intenso y a medida que el sol subía in crescendo, la música de sus colores moduló del azul claro al amarillo tenue, al rosa pálido, al naranja delicado, al naranja de fuego, al amarillo intenso. Una bandada de loros vino a mi soledad, y sus graznidos verdes me despertaron del letargo de mi añoranza. Un amor lejano se percibía en los rayos del sol, mientras la gran montaña se intuía majestuosa detrás de la bruma luminiscente: arriba el contorno de sus picos, más arriba un cielo azul de fantasía, y en la piel el frío de la distancia. La mañana más hermosa del mundo huele a café recién colado, huele a limpio, huele a urgencias. Sabe a desayuno de panadería o a empanadas de la esquina, sabe a asfalto y a humos tóxicos. Sabe a noticias y a agua de colonia. La mañana más hermosa del mundo es la de hoy, cuando a pesar de mis dolores -los físicos y los del alma- me siento viva. Me siento viva, y la música de mis sentidos me canta y me acompaña en una eterna sinfonía. Es hoy, la mañana más hermosa del mundo.