miércoles, 26 de septiembre de 2007

La Trovadoresa



El fotógrafo Oswer Díaz Mireles (oswerd@hotmail.com), me ha hecho una estupenda sesión de fotografías, donde destaca su calidad y sensibilidad para el retrato. Esta es la imagen que presentará la guitarrista de otros tiempos. Esperemos que sea de su agrado y que en breve nos veamos en las citas musicales. Estén atentos!!!!!




sábado, 15 de septiembre de 2007

Al maestro Aldemaro Romero


Luego de la experiencia en el Sacro, nos enteramos del sensible fallecimiento del maestro Aldemaro Romero, acaecido hoy. Tuve el privilegio de entrevistarlo en dos oportunidades, la última de las cuales fue en el marco del merecido homenaje que le rindió la Orquesta Sinfónica de Venezuela en junio de 2005.
Huelga decir que Romero es uno de los más grandes compositores que ha tenido el país, y cuidado si en el curso de los próximos años, o de la historia, se le reconoce como el más importante.
En el título está el link que lleva a la entrevista realizada para El Universal, y la fotografía que ilustra esta nota es de Cheo Pacheco.

Sonidos antiguos


Esto que vemos en la fotografía es la imagen que tomé esta mañana, a las 9:20 a.m. del auditorio del Museo Sacro. Finalmente, la hermana Niurka Reyes -directora del Museo- me confirmó dos fechas para presentar el repertorio de la guitarrilla: ambos sábados 10 y 17 de noviembre de este año. La hora está por precisarse, pues depende de algunos eventos que están programados.
Hecha estas observaciones, tenemos que decir que este lugar es verdaderamente un umbral hacia tiempos remotos. Un contraste total entre el centro de Caracas, lleno de comerciantes informales, presencia y polémica política por doquier (tácita o explícita), neurosis por la inseguridad y violencia; y el silencio y paz que se respira en el lugar. La entrada es prácticamente ese paso entre uno y otro mundo.
Ya sentada en mi silla, la guitarrilla suena y se apodera de las resonancias ubicadas entre los resquicios de las piedras, en el eco de las maderas. De vez en cuando levanto la mirada, y la iconografía abriga con sus colores cada una de las notas. Cada tanto suenan las campanas de la Catedral, anunciando los cuartos de hora; pero eso no es molestia ni impedimento para la música. Al contrario, parece que esa resonancia metálica ayuda a sentir más esa presencia de otros siglos.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Los hijos de la guitarrilla (III) El cuatro venezolano



El Cuatro venezolano

Continuamos con la serie sobre los hijos de la guitarra renacentista o guitarrilla, y en esta ocasión hablaremos de nuestro instrumento emblemático de la cultura popular venezolana: el cuatro.

Prácticamente todos los venezolanos tocan o han tocado el cuatro: desde niñitos se nos pone en la mano este instrumentos, y puede ser que en la mayoría de los casos termine destrozado... lo cierto es que su sonido, su alma, su resonancia forma parte del ADN nacional; y hasta la persona más "desafinada" puede entonar cam-bur-pin-tón. Actualmente, esta afinación es LA-RE-FA#-SI (este SI es grave), y la sucesión del encordado es 4ta, 2da, 1ra y 3ra.
El cuatro venezolano hereda la cualidad de acompañamiento que solía tener también la guitarrilla. Por su forma de interpretarse, a la manera charrasqueada, se le ubicaba también como instrumento de percusión. Esto es muy interesante, pues aun dentro de la etnomusicología está viva la discusión sobre ciertos instrumentos de cuerda o encordados utilizados por algunos indígenas. La diatriba surge porque aún no se precisa si este instrumento vino antes o despues de la conquista y colonización. Lo cierto es que el ejemplar indígena consiste en un tronco de madera sobre el cual se le encordan varias cuerdas, se tiemplan y se charrasquean. Para los que no hablan venezolano, charrasquear significa batir la muñeca de tal forma que los dedos (generalmente de la mano derecha) golpean rítmicamente las cuerdas hacia arriba y hacia abajo. En ocasiones, y según el ritmo, ese golpe culmina súbitamente produciendo un efecto rítmico característico.
Así las cosas, durante una buena cantidad de tiempo el cuatro estuvo como acompañante del arpa, la bandola, la mandolina, y por supuesto de la voz del trovador. Encontramos versiones del cuatro en distintas partes de Venezuela, y por supuesto en la región oriental de Colombia; específicamente donde se ubica la extensa nación llanera, y donde convive tranquilamente el joropo. De hecho hay festivales binacionales, donde los intérpretes se funden de tal forma, que no se sabe dónde empieza y termina una y otra nacionalidad. Cosas de políticos, no de la cultura.
No es sino hasta los años cincuenta, sesenta del siglo XX cuando algunos intérpretes tienen la inquietud de otorgarle más protagonismo al cuatro. Sobre esto hay por lo menos dos teorías o corrientes. De una parte, el maestro Fredy Reyna, sobre quien escribió una estupenda biografía el guitarrista Alejandro Bruzual. Reyna se remontó a los orígenes del cuatro, y afinó la 3ra cuerda o SI una octava aguda. De esta forma, el cuatro adquiría la sonoridad base del instrumento madre. De allí en adelante, Reyna desarrolló su técnica de punteado del cuatro, y hasta versionó las obras de los grandes maestros del renacimiento y barroco.
De otra parte, Hernán Gamboa desarrolla la técnica que denomina "rasgapunteado" y de la cual se han nutrido la mayoría de los cuatristas de concierto. Bajo esta modalidad, el cuatro conserva su afinación original, y combina las distintas posiciones de los acordes con pasajes donde las cuerdas llevan la melodía.
En la actualidad han surgido destacadísimos solistas, ahora gracias al impulso que ha dado el maestro Cheo Hurtado (cuatrista de Gurrufío) con su programa La Siembra del Cuatro. En estos momentos, es notoria la actualidad que asume el título de ese programa, pues Venezuela está sembrada de cuatristas. Cada quien despliega sus cualidades según sus intereses, y se funden ambas técnicas.
En cuanto a la labor de luthería, los constructores de estos instrumentos emplean las maderas de la guitarra clásica, y le colocan 17 trastes al cuatro, aumentando en tres los tradicionales 14 trastes que emplea el cuatro de acompañamiento. Por supuesto, cada luthier (en combinación con el instrumentista) elabora el cuatro a conveniencia.
Huelga decir que no hay un solo ritmo, una sola forma musical dentro del riquísimo catálogo de música venezolana que no lleve cuatro. Y si originalmente no lo llevaba, pues ahora lo tiene. Tal vez no esté presente en las músicas netamente donde predominan los tambores, pero a más de un arreglista ya se le ocurre ponerlo a sonar allí también.