martes, 21 de octubre de 2008

Con los dedos entumecidos

Luis Garimaldi, el guitarrista que rompió record tocando durante 54 horas, y cuya nota está más abajo, me escribió. Me envió fotografías, una de las cuales la comparto aquí, y corresponde al último acorde que tocó.
A continuación, parte de lo que me escribe en el correo, y que detalla un poco lo que ha hecho y está por hacer.
"Con respecto al récord las cosas están preparándose para enviarlas a Inglaterra, dos películas paralelas, DVD y cinta, con el cronómetro en cada una. La parte legal, los 23 asistentes, enfermeros y testigos, de los cuales se deberá hacer una declaración jurada ante un escribano para certificar su presencia. Los cuadernos (también certificados ante escribano) de temas cronometrados, no se podía repetir en lapsos de 4 horas, y descansos de 5 minutos por cada hora, y pausas no mayor a 30 segundos entre tema y tema. Los dedos después de las 35 horas me quedaron amoratados, las yemas y el dedo de la cejilla, en todo su largo, dejé de sentirlos después como por 3 horas (en el tramo final). El cerebro se me detuvo varias veces (la sensación es como si alguien pasara al lado tuyo y lo percibieras periféricamente), se me durmieron las pantorrilllas y no podía levantarme. Si cerraba los ojos como para sacudir la cabeza y despejarme, me dormía!! Veía doble, no podía fijar la vista. Esas 3 horas fueron críticas, pero al pasar eso ya supe con certeza que iba a llegar!! Solo lo volvería a hacer si tuviera un estímulo más (como dinero, por ejémplo, o un auto full cero Km). Preparé mi cerebro 3 meses antes, de a poco, para controlar el sueño, y ahora me faltará más o menos un mes más para poder volverlo a la normalidad. Lo demás, físicamente muy bien por suerte. Sólo me faltó la fe de muchos, especialmente en el hotel donde lo hice cuando 15 días antes me informaron que el récord no era de 44 horas de un americano de Michigan, sino que se había actualizado por un guitarrista de la India con 53 horas. Eso me partió todos los esquemas, especialmente la parte psicológica. Tuve una semana más o menos para recomponer mi cabeza con la misma decisión de antes: ¡¡¡BATIR EL RECORD!!!".

domingo, 12 de octubre de 2008

La guitarra también se piensa

Esa guitarra que se ve tan hermosa cuesta dominarla. Es interesante porque su modo de tocarla, su ser, su personalidad no tiene absolutamente nada que ver ni con la guitarra posterior -la de seis cuerdas-, ni con la anterior -la renacentista de cuatro órdenes-. Ella es única, es voluble, maravillosa. Como la potranca zaina. Ese arduo trabajo, que ahora sí está dando frutos, porque ahora se escucha genial, ha sido el motivo de mi ausencia por este medio. De verdad que enfrentarme a la guitarra barroca ha sido uno de los más grandes retos que me ha tocado en mi accidentada vida musical.
Ahora bien, la satisfacción es inmensa, no tiene precio. La barroca tiene su guataca particular. Me refiero a que no es lo mismo seguir intuitivamente la música, no es posible seguirle el juego a los dedos en su infinita inteligencia y autonomía con esta guitarra, de la misma forma como suele hacerse con la guitarra moderna. Uno se ha entrenado para hacer secuencias lógicas de digitaciones con la moderna, que en la barroca no tienen ningún sentido. Esto podrá verse y escucharse con las obras de Gaspar Sanz, ampliamente conocidas en sus versiones para guitarra moderna. Una vez que se han estudiado las obras de Sanz en el instrumento original, es decir, la guitarra barroca, en la moderna no pueden volver a tener el mismo estatus, de obra original, sino de versión. Tiene que ver con la afinación de una y de otra. A pesar de que son los mismos sonidos, la doble cuerda de la barroca introduce un elemento que es difícil que la moderna haga: la campanella (ya me he referido a ella otras veces).
Con la barroca me ha ocurrido algo que no me pasó con la moderna cuando hacía el repertorio barroco: el instrumento da la exacta medida de cómo era la época, de cuál era el espíritu del barroco, del juego de apariencias, de sobreentendidos, de poses, totalmente barroco. Lo barroco suena en la guitarra moderna y trata de ser, pero no es. No llega a serlo. Personalmente pienso que mejor dejar a la guitarra moderna el repertorio de 1840 para acá, para que se luzca en todo su esplendor. Y si por casualidad de la vida desea hacer repertorio anterior, mejor que se negocie, se converse, se advierta que son versiones. Nunca la realidad de la música de la época, que solamente pueden hacerlo los instrumentos réplica o de la época.