domingo, 25 de junio de 2017

Crónica Minimalista: El baterista de Tracabordo

Caracas.- La noche en Caracas es horror. No hay otro modo de describir la desazón, desconfianza, desesperanza, ansiedad que invade al habitante de esta ciudad. Como la calima o el smog, se instaló en la atmósfera caraqueña una porción picante, remanente de las lacrimógenas y el gas pimienta. Así huele esta ciudad desde hace tres meses. Se añade a esos aromas el olor de la adrenalina que emitimos todos los habitantes... sin discriminación. Y no hablemos del ruido: rugido de motos, sirenas, hacen acordes con morteros, bombas, disparos al aire de distintos calibres. Sobre las 8:00 p.m., salgo de la estación Parque Carabobo, cruzo en Monroy. Lejano ruido de camión de basura, los cacerolazos permiten distinguir la calidad de la olla y del instrumento que golpea, de tanto y tanto que se oyen (cucharón de madera sobre aluminio, paleta de plástico sobre acero inoxidable, cuchillo amellado sobre caldero otrora freidora). Así que lo que hace dos años era queja, ahora es bálsamo, ahora es música de meditación, cuando al acercarme a la próxima esquina se escucha el rítmico estruendo del baterista de Tracabordo.

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