miércoles, 24 de octubre de 2012

Crónica Minimalista: Violencia urbana

Caracas.- La discusión comenzó porque ella no quería aceptarme una moneda de cinco céntimos. "Tres boletos simples, por favor", y le entregué cuatro monedas de un bolívar, una de veinticinco céntimos, dos de diez céntimos y la moneda cobriza de la discordia. No hubo argumento que valiera contra ella, la operadora del Metro en la estación Nuevo Circo. Ni siquiera porque es moneda de curso legal, perteneciente al nuevo cono monetario revolucionario y bolivariano mismo. Ni siquiera. Sin proponérmelo, logré sacarla de sus casillas. Me ignoró. Un chico atónito en la cola me dio los cincuenta céntimos creyendo que a mi me faltaba dinero. La operadora cerró la taquilla y abrió la de al lado para seguir vendiendo. Rendida, me fui a la caseta principal para pedir explicación del por qué no se acepta una moneda de curso legal. Devaluada, sí. Pero legal. Ya la operadora me había dicho que había una especie de "resolución" o "decisión" según la cual esas moneditas chiquitas no eran aceptadas. El de la caseta principal sensatamente dijo que sí, que había que aceptar la moneda. Regresé donde la operadora rebelde, a quien llamaron por teléfono para que le diera a la (supongo que a estas alturas del cuento) "loca" el boleto faltante. La operadora me dio mi boleto, y para  castigarme, de modo tal que yo entendiera que la moneda de cobre es indeseada, persona non grata, rechazada, desdeñada, me la mostró y me dijo: "mira lo que hago con tu moneda", y acto seguido la arrojó al basurero. Dime tú si esta no es una forma de violencia urbana.