viernes, 25 de mayo de 2012

Crónica Minimalista: Toda violencia, toda pasión

Caracas.- Fue un día hermoso. El azul del cielo brillante invitaba a jubilarse de las obligaciones. El sol declinaba sobre los árboles mostrando en ellos todos los verdes. La atmósfera se respiraba límpida. Así estuvo el día, más cálido, de quieta atmósfera. Caracas lucía esplendorosa, con sus montañas severas y majestuosas. En el interior de cada quien la ciudad late diferente: desde los sueños imposibles, desde las angustias. Desde la incertidumbre por saber cuánto tarda La Planta en resucitar de sus escombros, resurgir de sus cenizas como el ave fénix o reencarnar en otras especies más o menos vegetales. Late distinta la ciudad que bulle en el latido particular, en la soledad y la tristeza que arropa hasta el cuello y se ancla en el nudo de la garganta, y no se puede mirar al cielo porque el azul no tiene el mismo sabor de la belleza que se describe, sino que se palpa amarga y áspera. El rostro trata de sonreir para hacer una consonancia con la luminosidad de mayo... Cae la tarde. En el oeste aparece una luna que sonríe desde su fase creciente. El azul se despoja de su manto y deja ver su piel de estrellas, desnuda, oscura. Verdadera. Una estrella enorme se posa entre los edificios de Propatria y transmite su luz de calma y consuelo al alma herida, toda violencia, toda pasión.