viernes, 29 de febrero de 2008

Hablemos de guitarras

Hace pocas semanas atrás nos encontramos mi amigo Aquiles Báez y yo en la Casa de la Diversidad Cultural (Los Rosales). Le comentaba sobre el segundo disco que grabé, "Canciones de la Luna", el cual todavía no lo he sacado. En realidad preferí colocarlo en la gaveta, que madure, que algunos lo escuchen y me digan sus opiniones, y sobre eso trabajarlo mejor o directamente editarlo. Lo que pasa es que ahora no es como cuando edité "Poema barroco": las cosas son más difíciles para quienes producimos por cuenta propia, y arriesgar dinero no es tan fácil. Tampoco la plata sobra... En ese disco, la única pieza instrumental es "La Casa Azul", de Aquiles, y de verdad me gusta muchísimo. La toco con mucho cariño.
Me gustaría comentar que esa pieza la conocí de manos del propio Aquiles, por allá en 1987, a raíz de unas clases magistrales que recibimos con el maestro uruguayo (ya fallecido) Abel Carlevaro. Recuerdo que el propio Aquiles se presentó con sus propias obras, y ya nos parecían arriesgadas, insólitas. Nos suministró una fotocopia de su original, y personalmente me dediqué a estudiarla, digitarla y, claro, mi forma de interpretarla tiene más de lo clásico que de la forma como el propio Aquiles la interpreta.
Me gustaría invitarlos a que visiten de vez en cuando la página de Aquiles Báez, sin duda uno de los mejores músicos que tenemos en la actualidad. A la derecha de este comentario, podrán ver una serie de vínculos, y uno de ellos los llevará directamente a su sitio en internet.

domingo, 17 de febrero de 2008

Con la guitarra de nuevo!!!

Algo me tomó por sorpresa. Por razones de tiempo, tuve que dejar de dedicarme intensamente a la guitarra moderna (ahora tengo que hacer tales distinciones!!!). Como la barroca aún no está concluida y la guitarrilla también está donde el luthier para algunos ajustes; los dedos me picaban, estaban deseosos de agarrar cuerdas, y desempolvé la guitarra.
Esta también es hechura de Claudio Lazcano, data de 1998 y fue la primera modelo Milenium que construyó, siguiendo el diseño de Thomas Humphrey.
A pesar de haber estado unos ocho meses sin tocarla, suena espléndida, y los dedos recordaron el repertorio. Claro, ha sido lento, con un poco de torpeza, porque el mástil de esta guitarra es más ancho que el de la guitarrilla, y las cuerdas son más duras. Pero hay una memoria muscular que permite recordar tanto el repertorio, la secuencia de los dedos en determinadas obras, y hasta la dinámica, agógica y otras consideraciones estéticas.
Volver a tocar la guitarra me hace pensar en montar repertorio para ella, y ver hasta qué punto la mano se puede ajustar a los distintos mástiles. Al tener entre las manos guitarras para diferentes estilos, puedo dedicar a la moderna, y en especial a esta modelo Milenium, obras contemporáneas, siglo XX y XXI. Sin duda, haber estudiado y profundizado en el repertorio antiguo me hace pensar y separar distintivamente una cosa de la otra.
Esto implica otra reflexión, y es que a lo mejor un violinista, con su mismo instrumento, puede abordar varios siglos. Lo mismo el flautista, el clarinetista, el pianista. Es posible que así sea. Incluso, voy más allá, con la guitarra moderna modelo Antonio Torres Jurado -que es a la que llamamos guitarra clásica o simplemente guitarra- se puede viajar a través del tiempo y lograr distinciones tímbricas realmente dignas del repertorio que se toca. El caso es que una vez que los dedos tocan un instrumento antiguo, se activa una especie de veneno (soy consciente que uso esta palabra con frecuencia), el alma, el espíritu se conecta con una energía inédita, y se produce una especie de entonamiento o afinación que hace que la sensibilidad quiera hacer la música con el instrumento específico.
Ahondo más: con la moderna me puse a hacer "dedos" con el repertorio de Adrian Le Roy, el mismo que hace sonar Juana Francisca en los espectáculos, y no se oye mal. De hecho, toqué exactamente la tablatura, con las cuerdas 4, 3, 2 y 1 (Re, Sol, Si, Mi) de la guitarra; y la cosa no suena mal... Pero... hay algo que es inherente a la sonoridad de la guitarrilla, algo inasible, difícil de medir, tasar, cuantificar, calificar. ¿Capricho? ¿Excentricidad? Quién sabe. Algunos guitarristas se sienten cómodos con su la guitarra moderna para todo. Uno de ellos fue Narciso Yépez, quien incluso llegó a hacer arreglos de una cantiga de Alfonso X El Sabio para la guitarra. Y no suena nada mal, pero, personalmente, yo no lo haría. Tal vez haría una intabulación de las cantigas para la guitarrilla, el instrumento que considero más "cercano" -del siglo XVI al IX-.
Mientras tanto, voy a reencontrarme con la guitarra para hacer escalas y ejercicios, hacer dedos y manos.

lunes, 11 de febrero de 2008

La guitarra barroca


Como ya tengo un cierto envenenamiento en la sangre producto de la impaciencia por la llegada de mi guitarra barroca, quiero transmitir y envenenarlos con el siguiente texto que traduje, para que vayan viendo de qué se trata esta maravilla sonora. De nuevo, al hacer clic en el título podrán ver la fuente original de donde extraigo el texto en inglés.
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La guitarra barroca

El aspecto de la guitarra de cinco órdenes en el siglo XVIII español produjo un sentimiento de horror despreciable. La guitarra y su música eran el “punk rock” de su época. La nueva guitarra era despreciada a menudo y no gozaba del prestigio de la vihuela o el laúd. Peor, fue asociada a los villanos o a cualquier muchacho que pudiera rasguear una guitarra, a las baladas populares, tabernas, a la criminalidad, la sensualidad y, particularmente, el bailar, todo lo cual era visto por las autoridades de la Iglesia como el camino seguro a la perdición. ¡La ejecución pública de una zarabanda en una guitarra fue castigada con azotes y cárcel!
Finalmente recibió la atención de muchos grandes compositores del momento, como Gaspar Sanz (1640-1710), cuyos esfuerzos lograron sacar a la guitarra de las tabernas y de los establos, hasta llevarla a las cortes reales de Europa, en donde la música rivalizaría con la del laúd y de la vihuela.
Algunos compositores barrocos de la guitarra favorecieron un sistema de encordado sin los bajos (bordones), produciendo una afinación donde las cuerdas más bajas suenan más altas que la tercera. Esto facilita la ejecución más limpia de ornamentaciones y, particularmente, del efecto conocido como campanellas (o pequeñas campanas), donde las notas adyacentes suenan en diversas secuencias, creando el efecto de unas campanas de iglesia que tocan rápidamente. Es imposible producir este efecto sobre una guitarra clásica moderna. Otra ventaja es la claridad de ciertos pasos. Las notas sobre el cuarto y quinto órdenes pueden estar en el mismo rango de afinación que los de las secuencias más altas, pero con un distinto color, lo cual ayuda en la selección de las imitaciones, por ejemplo en Marionas. Si los órdenes más bajos fueran templados en octavas, la música sonaría desincronizada, con algunas notas de paso dobladas una octava más abajo, y otras no.
Es importante tocar la música de las ediciones facsimilares más bien que desde las tablaturas modernos o, peor, la notación musical moderna. Las publicaciones originales no son muy difíciles de aprender y ponen al ejecutante en contacto directo con las intenciones del compositor, especialmente el rasgueado y punteado. Las transcripciones tampoco consideran la nueva afinación y no indican en qué secuencias el compositor quisiera que el ejecutante pulse para alcanzar la abundancia en los colores de los tonos y la expresión característica de este instrumento. La música de Gaspar Sanz, por ejemplo, ofrece los campanellas y otros pasajes rápidos junto con toda la gama de glisandos, ligados y demás ornamentos en la mano izquierda. Su música es una exhibición del virtuosismo, una calidad del deslumbramiento que se pierde cuando está transcrita a la notación moderna, y se entierra bajo la sombra del sonido majestuoso de la guitarra clásica moderna. Construí esta guitarra barroca en diciembre de 2006.
(Autor: Larry D. Brown Lute, medieval and renaissance recorders, hurdy-gurdy)

sábado, 9 de febrero de 2008

Conciertos para 2008

Aprovecho la imagen que me tomaron en el Teatro Luis Peraza de Los Chaguaramos para anunciar lo que ya tengo para este año. En realidad no mucho, hasta el momento.

Para el jueves 27 de marzo, a las 12:30 p.m. (mediodía), estaré en la Universidad Simón Bolívar, en Sartenejas.
Aun estoy cuadrando otros lugares y fechas, y mientras eso ocurre, probablemente para marzo en adelante, la guitarrilla está donde el luthier donde recibe algunos ajustes y mantenimiento.
En lo que al espectáculo se refiere, le estoy puliendo algunas cosas desde el punto de vista interpretativo y musical, y estoy incorporando algunos elementos adicionales en lo que a la producción se refiere. Esperemos que sea de agrado de todos.
SEGUIREMOS INFORMANDO...






Los hijos de la guitarrilla (VI) el timple canario


El timple canario

A propósito de este hermoso instrumento, nos hemos topado con algunas consideraciones y detalles. Por supuesto, hay hipótesis, teorías, y lo que tratamos de ofrecer aquí en esta serie es un panorama general, sin las pretensiones de la exaustividad ni lo erudito: sabemos que faltan pruebas etnomusicológicas, organológicas, arqueológicas en algunos casos para poder afirmar tajantemente que estos instrumentos SON en efecto, los hijos de la guitarrilla. Ahora bien, ¿por qué no empeñamos? porque hay una mancomunidad de rasgueo, punteo, fraseo, acordes, afinación, y hasta en el resultado sonoro musical que se deriva. Esta es la base por la cual afirmamos que los instrumentos de esta serie se derivan de la guitarra renacentista. Veamos.
Endechas, isas, coplas hermosas que reciben del battente instrumento su soporte e inspiración. El timple es uno de los que más se parecen al instrumento madre, por la forma alargada de la caja de resonancia y la tapa posterior algo abombada. Este efecto de abombamiento lo tiene la guitarrilla como parte de la característica que le permite expandir mejor su sonido. Otra característica que comparte casi que exactamente que la madre guitarrilla es la afinación. La del instrumento renacentista es SOL-DO-MI-LA (de grave a agudo), mientras que el timple afina SOL-DO-MI-LA-(RE), el RE último es optativo si el timple tiene cuatro o cinco cuerdas. ¿Alguna duda adicional sobre el parentesco?
Para saber más de este hermoso instrumento, y de cómo -al igual que su hermano el Cuatro Venezolano- ha trascendido las fronteras estéticas de su propio país, pueden ver lo que hace el timplista Ramos: www.joseantonioramos.com.